“Voy al bar” es el newsletter de Bar de viejes sobre todo eso que son los bares de viejes: conversa popular, hambre, historia, literatura, amor, política, amistad y más.
“Voy al bar” es el mantra que heredamos de generación en generación para nombrar un ritual cotidiano. Cada unx repite ese mantra con un significado particular –cada quien tiene su bar– pero participa de un sentido universal: el bar que es ese hogar fuera del hogar. Una especie de tiempo compartido más cotidiano, barato y anárquico.
Este newsletter no pretende tener una forma a priori. A veces habrá panoramas generales, rutas temáticas; otras historias mínimas. Pero siempre un denominador común: el amor por los bares.
Porque adentrarnos en un bar es respirar un poco de aire fresco.
Bienvenidx al bar.
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Hola, vieje:
¿cómo estás?
Esta cuarta entrega va a ser un zoom in a un bar. Hoy voy a contarte de un bar de viejes que está en la esquina de Tucumán y Ayacucho, en el barrio de Balvanera, más conocido como Once o Eleven.
Se llama Bar Tarzán y abrió con la inauguración del edificio en el año 1962. Abre de lunes a viernes de 7 a 20hs, sábados de 7 a 16hs, y domingos y feriados cerrado. Lo fundaron, como no podía ser de otra manera, dos españoles con apellidos con alto grado de verosimilitud: Torres y Rodríguez.
La Tarzán
No es el único bar llamado Tarzán. Hay un Tarzán en Castelar, al que ya le dedicaré un espacio, y “La Flor de Barracas”, antes de llamarse así se llamó también Tarzán. Esto no se debe al célebre cuento de Edgar Rice Burroughs de 1912 en el que un niño es criado por gorilas en la selva, sino a que existía en ese entonces una famosa Compañía de Café llamada Tarzán. Antes era usual que los bares adoptaran los nombres de empresas de café porque éstas les proveían de la maquinaria y la mercadería gratis como estrategias de marketing para empezar a montar el negocio.
Entonces, continuemos. Tarzán tuvo dos dueños posteriores a Torres y Rodríguez. Ellos vendieron el fondo de comercio y se quedaron con el local. Hasta el día de hoy, no se modificó la estructura del bar; está tal cual como estaba en los 60s.
Tiene unos azulejos color bordeaux y azul, revestimiento de madera y el piso está hecho de esas baldosas de la casa de la abuela. Las butacas de la barra son fijas y redondas. El bar es pequeño, pero como todo bar de esquina está rodeado de ventanas y tiene un espejo que ensancha.
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Miguel Ángel
Miguel Ángel atiende el bar. Su padre, Gerardo Garrido, gallego de Orense, compró el fondo de comercio en 1988. Miguel empezó a trabajar con él en 2011. Antes se dedicaba a la hotelería y al turismo. Miguel hoy trabaja con Dani, el cocinero, que está desde el 1990 y con Diego, el mozo, desde el 2006. A veces viene la suegra de Miguel a ayudarlo con los pedidos para afuera.
Dani antes trabajaba en Sarmiento y Uruguay, en Tiempos modernos, una parrilla. Después el dueño que vendió ahí compró Tarzan, era uno de los socios y lo trajo a trabajar al bar. Dani es de El Charco, en Santiago del Estero, a 36km de las termas de Rio Hondo. y vino a los 18 a trabajar acá. Me cuenta que en las termas el agua es todo el año caliente.
En Tarzán trabajaba Pilar Rodríguez, una de las dueñas del bar. Miguel recuerda que siempre fue un bar familiar. Iban mujeres porque era zona de distribuidoras de cine y paraban las hijas de los dueños. También hay clientes casi desde que empezó el bar. El señor de la florería de la vuelta, Santos, viene desde el 75. El elenco estable es David, Aníbal, Salvador y Cacho. Vienen todos y se sientan en la misma mesa.
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Época de oro
Miguel me cuenta que su padre antes tenía otros bares. Nuevamente reaparece la idea constante que circula en @bardeviejes: hablar de la historia de un bar es reconstruir el mapa de la ciudad. En San Juan y Paseo Colón, estaba el “Pappo Bar”. Trabajaba mayormente con la clientela del Puerto, abría a las 5am. Después estuvo en Lavalle al lado de Sadaic y enfrente de la estación Once que se llamó “Café Caravana” nuevamente por la compañía de café.
Para Miguel, lo que terminó matando a su padre Gerardo no fue el cáncer, sino dejar de ir al bar. Gerardo se enfermó en 2017 y murió en marzo del 2018. Vino de Orense en el 59 y se puso a trabajar con una bicicleta repartiendo pan para una panadería. María del Carmen es la madre de Miguel, de Pontevedra, Galicia.
La historia es curiosa, parece una película de Hollywood de la década de los 50, pero tiene un plot twist con tintes más barriales. Gerardo y María del Carmen se conocieron en el barco viniendo a Buenos Aires y después se perdieron el rastro, como Deborah Kerr y Cary Grant en esa película hermosa que es An affair to remember.
Se volvieron a encontrar en un baile de la colectividad en el Centro de Galicia en Olivos en el 64. Se casaron y tuvieron dos hijos: Miguel y Alejandra. María del Carmen trabajaba en la fábrica de Alpargatas. Gerardo vivía en Calzada y María vivía en Varela.
La Coruña
Le pregunto a Miguel por su infancia, que es el germen de toda historia. Vivía de chico en San Telmo en Carlos Calvo y Bolívar, enfrente de un bar que ya no está más, pero que tuve la oportunidad de conocer. Al lado de Pedro Telmo, existía un bar llamado La Coruña, conocido al final como “el bar de Carmen”. Uno de los pocos bares de viejes que era manejado por mujeres.
Carmen Moreira López heredó el bar de sus padres, José y Manuela, que vivían arriba del bar y eran, claro, de La Coruña, Galicia. Cuando ellos recién se mudaron a San Telmo –me cuenta Miguel- Gerardo se cruzó a saludar a los paisanos. El Bar La Coruña existía desde los años 20 y José y Manuela compraron el fondo de comercio en la década del 60. De chico, Miguel recuerda que las tapitas de gaseosas con los jugadores de fútbol se las guardaba Manuela en una bolsa. Carmen se cruzaba a tomar mate con María y tenían abierto el bar hasta las 2 am. “Había mucho borrachín que se peleaba”, dice Miguel. El bar cerró en 2013 y luego reabrió en 2015. Carmen murió y el bar cerró. Hoy funciona como una de las sucursales de Saigon, un restaurante de comida vietnamita. Aquí va una foto de Carmen que encontré por internet.
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Menú semanal
Bar Tarzán tiene un menú semanal: lunes, ravioles con estofado; martes, pollo al horno; miércoles, ñoquis con estofado; jueves, filet de merluza a la romana; viernes, tallarines con estofado. Los sábados tiene ravioles y tallarines, y minutas varias.
Lo recomendado: los tallarines, la milanesa de ternera y pollo, y el filet de merluza. Tienen aperitivos como Cinzano, Gancia, Fernet, y cerveza, claro.
Como todo buen bar de viejes, tiene sifón de soda “La Gruta” y un buen sándwich de crudo y queso en pan francés. Miguel agrega con orgullo que tienen pomelo Morgade que dice que es como “el pomelo de antes”.
De postres, los clásicos: queso y dulce, duraznos en almíbar. Lamentablemente ya no hacen más flanes porque con la pandemia se fundió el señor que los hacía.
Hoy restablecieron el trabajo de la zona y están mejor que antes de la pandemia ¿La razón? La presencialidad volvió con todo. A la vuelta del bar, están el profesorado J. V. González y el Colegio La Salle con renovación de autoridades y elecciones en el centro de estudiantes. Además, a una cuadra está AYSA que retornó también al Palacio de Aguas Argentinas.
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¿Fake news o pronóstico?
El último café
Que tus labios con frío
Pidieron esa vez
Con la voz de un suspiro
Cátulo Castillo
Miguel me cuenta una noticia que está circulando entre sus colegas por estos meses. Aparentemente auguran un posible faltante de café para junio y, como no podía ser de otra manera, sobran las versiones del hecho. Una es que el gobierno no libera los USD a los importadores; otra es que USA compró toda la producción de café anual de Brasil durante la pandemia para asegurarse frente a un posible desabastecimiento futuro.
Hechos, no opiniones: Brasil, el principal productor y exportador de café del mundo, durante el 2021 tuvo una gran helada, lo que deterioró la cosecha. A partir de ese problema climático, el precio del café que cotiza en Bolsa aumentó casi un 100% comparado con diciembre del 2020. En Argentina, que además importa sobre todo café brasilero, hay que agregarle los costos de importación y distribución.
Según Miguel, en el último año y medio el café aumentó entre un 120 y 130%. Esta suba se aceleró en lo que va del 2022, pero Miguel dice que viene pasando con toda la mercadería hace 2 años.
En Bar Tarzán usan Café 3 La Asturiana hace 50 años –Miguel continúa la tradición de su padre- y el consumo es de aproximadamente 2-3 kilos diarios. La posibilidad de stockearse de café frente a un posible desabastecimiento tampoco es muy alta por el costo actual que implica para los pequeños comercios y porque se empieza a humedecer el grano a la brevedad y el café se echa a perder. Winter is coming, diría Jon Nieve.
El día B
Hay una foto de Gerardo con la camiseta de Boca detrás del mostrador, pero como la mayoría de las anécdotas de un bar, tiene su historia engañosa.
Gerardo era un hincha fanático de Independiente, pero perdió una apuesta con Dani por un partido entre Boca e Independiente. Dani es hincha de River y en un acto de sadismo mutuo dictaron que quien perdiera se tenía que poner la camiseta de Boca. Si perdía Boca, Dani se sometía al agravio, y si no, viceversa. Ganó Boca, así que Gerardo se tuvo que poner la camiseta.
El suceso fue actuado con merecida teatralidad: la camiseta vino de un cliente en Neuquén y Gerardo salió del baño con la camiseta de Boca cual jugador del vestuario mientras los chicos le tiraban papelitos como si el bar fuera una canch
a.
Otra belleza de los bares: la austeridad siempre encuentra su épica.
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Eso fue todo por hoy.
¡Gracias por llegar hasta acá!
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El Bar Tarzán, como todos los bares de viejes, está disponible en el mapa en www.bardeviejes.com.ar.
Espero que te haya gustado la historia del Tarzán y que, si no lo conocías, vayas a tomar un café, ¡antes de que falte!
Mañana sábado está abierto hasta la tarde, así que podría ser un buen paseo.
Si vas, decile a Miguel que leíste esta historia.
Si tenés ganas de escribirme, es tan fácil como responder a este mail.
Este newsletter será entregado los días viernes, el mejor día de la semana, cada 15 días.
¡Buen fin de semana, vieje!
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